©2010, Jacob y Wilhelm Grimm y Eugenio Zigurat |
Érase una vez una niña dulce, tierna y muy coqueta, con esa peculiar coquetería de la inicial pubertad.
Cualquiera que la viese gustaba de ella, pero sobre todo su abuela, que ya no sabía qué darle a su nieta. Una ocasión le regaló un rotkäppchen o pequeña caperuza o gorrito de terciopelo rojo. Y le quedaba tan bien que quería traerlo puesto todo el tiempo, por eso pronto su sobrenombre fue Rotkäppchen.
Los días pasaron sin grandes cambios en su pequeño poblado y cierta tarde su madre le dijo:
—Ven, Rotkäppchen. Aquí está un pedazo de pastel y una botella de vino. Llévaselos a tu abuela, está enferma y débil y esto le ayudará. Cuida tus modales, salúdala y trátala como se merece. Pórtate bien en el trayecto y no dejes el camino, o puedes caerte y romper el frasco y luego no habrá nada para tu abuela enferma.



