I
Lluvia. Lluvia fina y tenaz cayendo sobre el pavimento.Lluvia ilógica de primavera.
Lluvia como lágrimas.
Lágrimas rodá
ndole por el rostro enfermo, carcomido por la desgracia.Ve al hombre circular en su Suburban por el boulevard San Felipe Hueyotlipan, cerca del Suburbia de Reforma. Ve su cara delgada, austera, exultante, llena de felicidad. Un triunfador, sin duda. Como él lo fue en algún momento. También lo ve perderse entre el tráfico, entre la lluvia, que lo cubre con su manto; un telón cerrando el primer acto de esa vida.
El último de la suya.
La gente corre presurosa para guarecerse a buen puerto; las parejas, con el pretexto de cubrirse, acercan sus cuerpos más de lo permitido en otras ocasiones. Los autos y el transporte urbano circulan a toda prisa, levantando grandes ráfagas de agua que le caen directamente, aunque eso ya no importe en realidad. Protegido por su vieja gabardina negra Club Europe importada (el único recuerdo de su vida anterior) dirige sus pasos hacia la Prolongación de la Reforma, hacia su destino final: ese puente con sendos espectaculares que nunca tomó en cuenta, mientras iba a su trabajo, en pleno corazón de La Paz, día tras día.
Hasta hoy.
